Martes, 30 de agosto de 2005
Después de la paliza tenística, era hora de hacer un poco de turismo aprovechando que las clases no empezaban hasta mañana. Así que fui con Philip a Copenhague a darnos unas vueltas por partes aun desconocidas de la ciudad. Siguiendo el canal principal llegamos hasta bonitos parques donde pasamos más tiempo tomando el sol y vagueando que haciendo realmente turismo. Pero es que el día era de verano total y da la sensación de que no va a volver. Ya por la tarde estábamos hambrientos y vagábamos sin rumbo hasta que se nos ocurrió llamar a nuestras amigas noruegas Ellen y Trine. Nos invitaron a cenar amablemente en su apartamento y disfrutamos del famoso plato noruego llamado ensalada de pasta con pollo. No sé si será muy noruego eso, pero lo que si fue noruego de verdad fue el queso marrón que nos ofrecieron de postre. Una cosa realmente extraña. Después de unas cuantas cervezas y un poco de vino decidí que era hora de volver, porque al día siguiente era mi primera clase y no era plan de no estar allí. Philip decidió quedarse.
Cada día es más fácil volver en bici desde la estación a casa. Lo primero es porque no me suelo perder tanto como antes. Más o menos me sé el camino. Por otra parte mis piernas empiezan a responder de vez en cuando. Estoy seguro que en un par de meses será coser y cantar…
jueves, septiembre 01, 2005
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario